Friday, November 19, 2004

El arte en su mejor momento



Lessig en su obra “Arquitecturas de control” va a desarrollar la hipótesis de que la sociedad con sus instituciones no hacen más que autentificar a los ciudadanos, es decir, dar una identidad a cada uno de nosotros que nos otorgue una cierta regulabilidad en el espacio en el cual nos manejamos. Si una arquitectura de la identidad obtura de alguna manera el concepto de libertad individual en el espacio real, la pregunta a responder va a ser si una estructura similar en Internet tendrá una incidencia en el arte digital.

Siguiendo con Lessig, él va a plantear que su intención es desmitificar “la naturaleza de la Red, un mito según el cual la Red posee una naturaleza, y esa naturaleza es la libertad”. Va a plantear que la Red está fundada en diversas arquitecturas y que su elemento invariable es la regulabilidad. Lo que quiere decir el poder controlar conductas dentro de este ciberespacio dado.

Lawrence Lessig aclara que en todo espacio, ya sea virtual o real, existen documentos que nos autentifican como personas. Así como el carnet de conducir es permiso para manejar, el DNI es permiso para transitar libremente. En el ciberespacio esta autentificación podría funcionar de manera diferente ya que lo que viaja de una dirección a otra son datos. Muchas veces, las direcciones IP (Internet protocol) no guardan siquiera relación con uno mismo razón por la cual, todo parecería estar en el aire. Ahí es donde aparece la presuposición de que Internet es un caos total y un desorden, en donde millones de datos circulan en una red sin control alguno.

Más allá de las diversas formas que Lessig va a plantear para volver regulable Internet, es importante destacar que su intención es demostrar que estamos atravesando un tiempo de transición en donde todavía parece no haber límites demasiado marcados para el ciberespacio. Pero esto, por poco o mucho que nos pese, va a durar poco, ya que el Estado de alguna manera tiene que encargarse de volver este caos en sus rieles, caso contrario la Red puede transformarse en una constante de información terrorista que va de un lado a otro o en una estafa en donde no se conoce al estafador. Es decir, que este modelo fomentaría la inseguridad, hecho que no es de mucho agrado ni para el Estado ni para la sociedad.

Particularmente, creo que esta falta de regulabilidad actual es en donde coincide cualquier aspecto a lo que hace Internet. No sólo se están por definir límites cada vez más marcados para el ciberespacio, sino que se definen límites dentro de él. Por ejemplo, es una enorme discusión actual si el arte digital es arte o también si este reemplazará al tradicional. También se busca determinar si el artista es el mismo o si el concepto de arte ha variado. Lo que se busca, a la larga, no es más que “cerrar” cada vez más todo, de definir de una vez y para siempre esto que estamos pasando y que nos parece extraño porque lo estamos viviendo en sus comienzos. Creo que todavía estamos viviendo un período de abertura en donde todo está por ser definido y es ahí donde radica la verdadera riqueza de este momento, ya que todo artista o pensador que viva este presente puede sentirse dichoso de crear algo en un momento previo a lo definido, en un tiempo de incertidumbre. Esta es la actual riqueza del arte digital que vemos habitualmente en Internet, todavía no hay encasillamientos.

Casacuberta en “Creación Colectiva” dice que cada medio tiene sus reglas y que resulta absurdo obligar al arte nuevo a adaptarse al viejo, como al revés. Pensemos en el simple ejemplo de un viajante del tiempo, que viviendo en el siglo IV a.C. se tele transporta al siglo XXI. Este ermitaño, primeramente, se va a asombrar ante lo desconocido, luego va tratar de experimentar con eso nuevo y finalmente por el propio acostumbramiento de la situación (si es que no puede volver a su tiempo) va a tratar de buscar una definición para que cada objeto quede de una y para siempre fijado en su conciencia. Para sentirse seguro va a regularizar este nuevo espacio para si mismo. Nosotros, al igual que el ermitaño, todavía estamos en el período de experimentación ante eso nuevo y por eso es que cualquier forma de expresión puede llegar a definir un género futuro.

En el capítulo 3 de “Creación Colectiva” se plantea una especie de discusión entre diferentes pensadores, participan en el un monista, un dualista, un superfilosofo que maneja el debate y un naturalista. Cada uno trata de definir lo que implica desde su perspectiva ideológica “la máquina como creadora de arte”. Para el monista el software es lo más plástico que se ha creado por lo cual puede transformarse en cualquier cosa que queramos; para el dualista, el ordenador es una simple máquina, razón por la cual no puede transmitir emociones, ni intenciones, de lo que se desprende que es imposible que la PC cree arte por si sola; el naturalista, por su lado, tampoco cree que las máquinas puedan aportar algo al arte porque el elemento clave de toda obra es el elemento humano; y finalmente, el superfilosofo opina al igual que Casacuberta que el futuro del arte es la inteligencia artificial, en donde el artista pasa de ser creador a productor.

Hay que prestar mucha atención a este punto, ya que el artista como productor se encarga de desarrollar una “herramienta” para que el público la use y difunda según sus propios intereses. No se va a privilegiar la visión unilateral que ofrece el artista con su punto de vista, sino que va a ser la audiencia la que utilice esa herramienta para conseguir un fin concreto que la ayude a desarrollarse como persona. Para esto es fundamental la educación en todo lo relacionado a lo nuevo, para que la tecnología no se transforme en un arma de la elite, sino en un arma de expresión capaz de hacernos progresar como ser humanos.
Volviendo a la pregunta que nos involucra, resulta inevitable pensar que cualquier regulabilidad impuesta por una arquitectura socaven no sólo en el arte digital sino en cualquier forma de expresión. Por eso es que resulta necesario sino fundamental instruir a la sociedad de manera democrática en lo relacionado a estos fenómenos tecnológicos.

Si bien como dice Lessig será finalmente el comercio el que facilite la regulabilidad en el ciberespacio, a través de una arquitectura que facilite la identificación de todos nosotros, es necesario tener conciencia de esto para mantenerse despierto ante todo lo que se esta por definir,ya que en una arquitectura donde todo este definido y cerrado sólo va a poder ver una fuga (o al verdadero arte) el que sea realmente conciente de semejante estructura hegemónica. En este plano, va a ser fundamental el papel de los educadores como guías en la comprensión de una realidad que es nueva pero que también es factible de cambio.

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